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Pronto cumpliré 40 años. Un experto en coaching para el éxito me dijo una vez que a esta edad ya es demasiado tarde para aprender nada nuevo, que lo que se supone que deberia hacer para triunfar  es aquello que realmente se me diera bien. Hay muchas cosas que se me dan bien, le dije. Es más, todo aquello que he hecho en mi vida ( y mira que han sido cosas distintas) se me ha dado bien. Entonces me preguntó ¿En qué te basas para decir que todo se te ha dado bien?  En que he demostrado ser eficaz en mi trabajo, obteniendo buenos resultados y un alto grado de satisfacción por parte de mis clientes. Entonces llegó la pregunta clave: ¿Has sido feliz durante el desempeño de todos esos trabajos?  No. Rotundamente, no.

Entonces comprendi que el éxito no se mide por la remuneración económica, ni por la consecución de objetivos, ni por el nivel de popularidad. El éxito se mide por el grado de felicidad que experimentamos al realizar nuestro trabajo. ¿Cuándo has sido realmente feliz desempeñado un trabajo?, Me dijo. Esta pregunta me trajo una gran revelación. Me di cuenta de que en todos y cada uno de mis trabajos había tenido la oportunidad de experimentar momentos de absoluta felicidad, momentos de autentica plenitud. Son esos momentos en los que parece que el tiempo no corre, esos momentos donde  desaparecen las limitaciones y la energía fluye inagotable, no te cansas, si no que mientras más haces mejor te sientes. Es lo que llaman estar en tu elemento. Y si había podido experimentarlo en trabajos tan dispares a simple vista, sin duda tenía que haber un denominador común que los uniera a todos. Ese denominador común seria mi elemento, mi talento, mi regalo. Entonces lo supe.

No me avergüenza decir que hasta hace muy poco no he descubierto el verdadero sentido y significado de mi vida. Llevo en el mundo de la espiritualidad, la sanacion y la conciencia desde hace 7 años, un periodo de tiempo perfecto, el justo y necesario para mi propio proceso de maduración. ¿Sabes lo más importante que he aprendido en este tiempo? Que esa manera única de hacer mía que ha sido repudiada, rechazada y negada por jefes, compañeros de trabajo, profesores, familia y otros tantos, hasta tal punto de no aceptarme a mí misma tal y como soy,  es precisamente mi talento, mi regalo.  Soy perfecta tal y como Dios me hizo, única e irrepetible, perfecta tal y como soy para llevar a cabo mi misión en esta existencia.

Siempre me había protegido bajo el manto de otros, buscando su aprobación, su reconocimiento. Primero en en mi familia, siguiendo las normas y leyes del clan. Después en las empresas para las que trabaje, donde me dejé la piel sin que ello me sirviera de mucho. Más tarde me refugié en el personaje que inventé basándome en un falso concepto del amor. Si, hice de mi marido mi héroe, mi salvador, creé todo un mundo a su alrededor para mí comodidad, negocio incluido, y me estrellé. Nos separamos físicamente y en esa distancia pude ver la verdad. En la soledad aprendí a amarme y respetarme a mí misma por encima de todas las cosas. Solo así es posible amar y respetar a los demás sin juicio ni condiciones. También me cegó el velo de Kundalini Yoga, adopté un falso estilo de vida, casi sectario. Hasta que un día me di cuenta de que nadie en este mundo tiene la  potestad suficiente  para decirme cómo debo vestir, que debo comer ni que practica espiritual debo realizar. Bendito momento en el que se me cayó el mito del maestro espiritual y encontré su verdadera voz en mi interior.

Ahora podría decir que me quedé huérfana. Me vine a vivir lejos de todo lo conocido.  Otro idioma, otro clima, otra cultura. Lejos del calor materno, libre del condicionamiento paterno, ahora no pertenezco a ninguna empresa, a ninguna escuela, a ningún club. No pertenezco a ningún lugar porque me siento parte de todos. Aunque me acompañan mi marido y mis hijas estoy sola en esto. Esta es mi historia, este es mi proceso, renacer, comenzar de nuevo, crear los cimientos de una nueva vida donde yo soy la protagonista, la verdadera heroina. Y aunque esté a punto de cumplir cuatro décadas no solo me siento capaz, si no que se que estoy convencida de que es el momento perfecto para hacerlo. Tengo la misma ilusión que cuando tenía 22 pero con 18 años de experiencia.

En realidad, el título de este post es una trampa. Nunca es tarde para empezar de nuevo porque estamos constantemente en evolución, por lo que cualquier momento es perfecto para reconocer que se necesita emprender otro rumbo, redireccionar la vida, cambiar de país, de trabajo o de pareja. O por lo menos darle un significado completamente distinto. Por ejemplo, yo sigo con mi pareja, volvemos a vivir juntos, aunque después de lo sucedido ni él ni yo somos los mismos, y por supuesto que la relación tampoco.  Sigo siendo profesora de yoga, pero no me confieso seguidora de ninguna escuela en particular. Ahora no tengo alumnos físicos, pero continuo trabajando por y para aquellos que me siguen. Cuando sea el momento perfecto los nuevos alumnos ya  aparecerán, o tal vez no. En ese caso será porque tendré otra cosa mejor que hacer. He dejado mi equipo de trabajo en Barcelona y va a ser un gran desafio para mí desarrollar toda una nueva red de contactos a través de nuevas relaciones. Más que agobio y pereza siento entusiasmo y agradecimiento. ¿ Que mejor oportunidad que esa para reescribir mi historia?

Esto es lo que la vida me regala, otra oportunidad. Y la recibo en el momento perfecto donde me doy cuenta de que todo lo que he hecho hasta ahora tiene sentido. ¿Qué es lo que verdaderamente se me da bien, entonces? Hacer las cosas con el corazón, ese es el denominador común en todos los momentos felices de mi vida. Ser auténtica, defender aquello en lo que creo con pasión y entusiasmo y compartir para ayudar a otros a través de mi experiencia. Ahora  yo te digo a ti, con todo mi corazón, que siempre hay un momento perfecto para alcanzar un nuevo sueño, emprender un nuevo rumbo o cambiar tu destino. ¿A qué estás esperando?

Me encantaría conocer tu historia. Siéntete libre de escribirme a harchanankaur@gmail.com o deja un comentario.

Humildemente,

Harchanan Kaur.

 

 

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Un comentario en “Cambiar de rumbo a los 40: Nunca es Tarde para Empezar de Nuevo.

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